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viernes, 25 de noviembre de 2016

El origen divino de la monarquía


En el texto Jacobo Bossuet, contemporáneo de Luis XIV, se encargó de buscar los orígenes divinos del poder del monarca para justificar el derecho absoluto que tenía el rey francés durante su reinado. Se puede decir que son los pilares sobre los que se levantó el Absolutismo.

Los principios del derecho divino para Bossuet, utilizando de base las sagradas escrituras, son; que Dios es quien establece a todos los reyes como delegados suyos en la tierra para gobernar sobre los pueblos. La soberanía del poder es divina. Como ministro de Dios, el rey solo hace el bien, y es juez que sentencia sobre las malas acciones que se cometen. Por lo que cuando se está ante el rey para responder sobre un crimen, se está ante el mismo Dios.

Bossuet comparte ideas con su compatriota Jean Bodin. Bodin analizó el origen divino de la soberanía, el rey tiene el poder sin límite solo restringido por la ley divina y el derecho natural innato en los hombres. Bodin también coincide con Bossuet en que el monarca es legislador único y juez supremo.




Presenta al rey como una figura sacra, contra la que no se puede atentar pues sería sacrilegio, penado con la muerte. Sacralizar la figura del rey, se hace para proteger al monarca bajo un aura divina que lo haga inviolable y lo consolide en el poder. El proceso de afianzamiento de las monarquías fue lento, y para hacerse fuertes tuvieron que ganarse el apoyo de los poderes intermedios, los nobles. Luis XIV tras derrotarlos en las Frondas creó la corte francesa, dentro del palacio de Varsalles, para tener controlada a esta aristocracia y así evitar que se rebelaran contra su poder en sus territorios. Comienza una centralización del Estado.

Al rey no solo hay que respetarlo porque se le tema, sino que hay que servirle con amor y buena voluntad, como delegado divino que es, servirlo desde la interioridad del alma, de donde emana la religiosidad. Al rey hay que venerarlo como a un Dios.

Los reyes por haber recibido este poder no pueden utilizarlo a su antojo, están limitados por Dios. El único límite del rey, en la ejecución total de sus poderes, es que tendrá que presentarse, en última instancia, ante Dios y responder de sus actos. El rey siempre tiene que actuar regido por el Bien y acorde a las leyes que establece Dios. De estos mismos límites habló Bodin en Les six livres de la République.



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