En
el texto Jacobo Bossuet, contemporáneo de Luis XIV, se encargó de buscar los
orígenes divinos del poder del monarca para justificar el derecho absoluto que
tenía el rey francés durante su reinado. Se puede decir que son los pilares
sobre los que se levantó el Absolutismo.
Los
principios del derecho divino para Bossuet, utilizando de base las sagradas
escrituras, son; que Dios es quien establece a todos los reyes como delegados
suyos en la tierra para gobernar sobre los pueblos. La soberanía del poder es
divina. Como ministro de Dios, el rey solo hace el bien, y es juez que
sentencia sobre las malas acciones que se cometen. Por lo que cuando se está
ante el rey para responder sobre un crimen, se está ante el mismo Dios.
Bossuet
comparte ideas con su compatriota Jean Bodin. Bodin analizó el origen divino
de la soberanía, el rey tiene el poder sin límite solo restringido por la ley
divina y el derecho natural innato en los hombres. Bodin también coincide con
Bossuet en que el monarca es legislador único y juez supremo.
Presenta
al rey como una figura sacra, contra la que no se puede atentar pues sería
sacrilegio, penado con la muerte. Sacralizar la figura del rey, se hace para
proteger al monarca bajo un aura divina que lo haga inviolable y lo consolide
en el poder. El proceso de afianzamiento de las monarquías fue lento, y para
hacerse fuertes tuvieron que ganarse el apoyo de los poderes intermedios, los
nobles. Luis XIV tras derrotarlos en las Frondas creó la corte francesa,
dentro del palacio de Varsalles, para tener controlada a esta aristocracia y así
evitar que se rebelaran contra su poder en sus territorios. Comienza una
centralización del Estado.
Al
rey no solo hay que respetarlo porque se le tema, sino que hay que servirle
con amor y buena voluntad, como delegado divino que es, servirlo desde la
interioridad del alma, de donde emana la religiosidad. Al rey hay que
venerarlo como a un Dios.
Los
reyes por haber recibido este poder no pueden utilizarlo a su antojo, están
limitados por Dios. El único límite del rey, en la ejecución total de sus
poderes, es que tendrá que presentarse, en última instancia, ante Dios y
responder de sus actos. El rey siempre tiene que actuar regido por el Bien y
acorde a las leyes que establece Dios. De estos mismos límites habló Bodin en Les six livres de la République.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario! Siempre es un placer debatir desde el respeto.