El mito napoleónico sirve para ilustrar a la
perfección la fuerza del arte como medio propagandístico en el pasado, tanto
para ensalzar a un personaje o acontecimiento como para criticarlo. El caso de
Napoleón, surge al mismo tiempo que se produce un cambio político importante en
Francia, y un nuevo gobierno siempre necesita crear mitos para legitimarse ante
sus enemigos, en el poder recién adquirido. Napoleón era la oportunidad
perfecta, hijo nacido de la revolución, fue convertido por el arte en una
leyenda que representaba en sí mismo todas las características del héroe nacional.
Pero como otros personajes importantes de la historia, pasó por las fases de
nacimiento, máxima potencia y caída del mito.
En los albores del mito, Napoleón era un general
de origen corso nacido en una familia noble. Durante la revolución de 1789
simpatizó con los partidarios de Robespierre. En los años siguientes supo
moverse entre los altos círculos dirigentes de la época y consiguió ascender en
la carrera militar. Es enviado a Italia al mando de un ejército y allí es donde
podemos situar el nacimiento de su leyenda militar, que le hizo ganarse la fama
de invencible, al invadir Italia y crear la República Cisalpina. En
1799, Napoleón ya había vuelto a Francia de la guerra y había alcanzado casi
todo el poder, siendo nombrado primer cónsul. Es en 1801 cuando aparece la primera
imagen pictórica de su leyenda; es el cuadro de Antoine-Jean Gros Bonaparte en el puente de Arcole. La
pintura es importante porque en ella toda la batalla está glorificada. Vemos a
un Napoleón joven portando, con una mano, orgulloso, la bandera y en la otra la
espada, parece que mira a sus tropas para que le sigan hacia la victoria. Lo
vemos como la típica representación del héroe romántico, decidido hacia la
batalla. El barón Gros seguirá aumentando la figura romántica de Napoleón con
otros cuadros como Bonaparte visitando a las
víctimas de la plaga de Jaffa.
En 1804 fue coronado Emperador, el mito ya estaba
construido y había crecido, ya no era necesario seguir endulzando el pasado de
Napoleón como militar ni su llegada a lo más alto del poder. Se llega al momento
de máximo esplendor. David fue nombrado primer pintor del Emperador y
creó una serie de composiciones que deificaban la figura de Bonaparte, en La consagración de Napoleón de 1807
acaecida en Nôtre Dame, iglesia gótica que en el cuadro es pintada como si
fuera neoclásica, los intereses del Emperador por encima de los símbolos. Y también destaca Napoleón I en su trono imperial de
Ingres en 1806.
El Imperio vive una crisis en 1810 y la
popularidad de Napoleón decae, comienza una especie de leyenda negra que le
acompañará hasta su caída. En los últimos coletazos de su reinado, intenta
aparentar que nada sucede y que tanto su poder como el ejército siguen siendo
fuertes como representa El juramento de
las águilas de David en 1810.

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