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viernes, 25 de noviembre de 2016

Novum Organum de Francis Bacon

Analizaremos los aspectos más importantes de este texto extraído del libro Novum Organum de Francis Bacon, filósofo y político inglés de finales del siglo XVI y principios del XVII, donde expone los valores o principios de la nueva ciencia.

Como idea principal tenemos el planteamiento de los principios básicos, en los que Bacon incide en varias ocasiones, que conforman el nuevo método científico. Afirma que solo hay una forma de hacer ciencia, y es mediante el Empirismo. Sin una experimentación basada siempre en la razón y en la repetición práctica es imposible llegar a conocer.


Otra de las ideas fundamentales del texto, es la crítica que hace sobre la manera en la que se hacía ciencia en el pasado. Anteriormente los descubrimientos se debían a la casualidad, el conocimiento anterior hay que desecharlo, ya no vale, si se continuara ese método nunca se llegaría a la verdad ni a formular leyes auténticas. La única vía capaz de producir leyes, es seguir el método científico empirista, es decir, mediante la experimentación profunda y metódica de hechos, partiendo desde los más particulares hasta los más generales, se puede dar lugar a las leyes generales de la naturaleza. Este es el verdadero camino, el que observa la realidad, y que nunca antes se había recorrido.

En otro de los puntos advierte que no todo lo que existe se puede llegar a conocer, hay verdades que la naturaleza guarda. Además pone en valor los nuevos avances técnicos nacidos de este periodo como el telescopio, que ayudan al científico, pero no sustituyen a la inteligencia, que siempre es necesaria para usarlos.

El origen divino de la monarquía


En el texto Jacobo Bossuet, contemporáneo de Luis XIV, se encargó de buscar los orígenes divinos del poder del monarca para justificar el derecho absoluto que tenía el rey francés durante su reinado. Se puede decir que son los pilares sobre los que se levantó el Absolutismo.

Los principios del derecho divino para Bossuet, utilizando de base las sagradas escrituras, son; que Dios es quien establece a todos los reyes como delegados suyos en la tierra para gobernar sobre los pueblos. La soberanía del poder es divina. Como ministro de Dios, el rey solo hace el bien, y es juez que sentencia sobre las malas acciones que se cometen. Por lo que cuando se está ante el rey para responder sobre un crimen, se está ante el mismo Dios.

Bossuet comparte ideas con su compatriota Jean Bodin. Bodin analizó el origen divino de la soberanía, el rey tiene el poder sin límite solo restringido por la ley divina y el derecho natural innato en los hombres. Bodin también coincide con Bossuet en que el monarca es legislador único y juez supremo.




Presenta al rey como una figura sacra, contra la que no se puede atentar pues sería sacrilegio, penado con la muerte. Sacralizar la figura del rey, se hace para proteger al monarca bajo un aura divina que lo haga inviolable y lo consolide en el poder. El proceso de afianzamiento de las monarquías fue lento, y para hacerse fuertes tuvieron que ganarse el apoyo de los poderes intermedios, los nobles. Luis XIV tras derrotarlos en las Frondas creó la corte francesa, dentro del palacio de Varsalles, para tener controlada a esta aristocracia y así evitar que se rebelaran contra su poder en sus territorios. Comienza una centralización del Estado.

Al rey no solo hay que respetarlo porque se le tema, sino que hay que servirle con amor y buena voluntad, como delegado divino que es, servirlo desde la interioridad del alma, de donde emana la religiosidad. Al rey hay que venerarlo como a un Dios.

Los reyes por haber recibido este poder no pueden utilizarlo a su antojo, están limitados por Dios. El único límite del rey, en la ejecución total de sus poderes, es que tendrá que presentarse, en última instancia, ante Dios y responder de sus actos. El rey siempre tiene que actuar regido por el Bien y acorde a las leyes que establece Dios. De estos mismos límites habló Bodin en Les six livres de la République.



El mito de Napoleón

El mito napoleónico sirve para ilustrar a la perfección la fuerza del arte como medio propagandístico en el pasado, tanto para ensalzar a un personaje o acontecimiento como para criticarlo. El caso de Napoleón, surge al mismo tiempo que se produce un cambio político importante en Francia, y un nuevo gobierno siempre necesita crear mitos para legitimarse ante sus enemigos, en el poder recién adquirido. Napoleón era la oportunidad perfecta, hijo nacido de la revolución, fue convertido por el arte en una leyenda que representaba en sí mismo todas las características del héroe nacional. Pero como otros personajes importantes de la historia, pasó por las fases de nacimiento, máxima potencia y caída del mito.

En los albores del mito, Napoleón era un general de origen corso nacido en una familia noble. Durante la revolución de 1789 simpatizó con los partidarios de Robespierre. En los años siguientes supo moverse entre los altos círculos dirigentes de la época y consiguió ascender en la carrera militar. Es enviado a Italia al mando de un ejército y allí es donde podemos situar el nacimiento de su leyenda militar, que le hizo ganarse la fama de invencible, al invadir Italia y crear la República Cisalpina. En 1799, Napoleón ya había vuelto a Francia de la guerra y había alcanzado casi todo el poder, siendo nombrado primer cónsul. Es en 1801 cuando aparece la primera imagen pictórica de su leyenda; es el cuadro de Antoine-Jean Gros Bonaparte en el puente de Arcole. La pintura es importante porque en ella toda la batalla está glorificada. Vemos a un Napoleón joven portando, con una mano, orgulloso, la bandera y en la otra la espada, parece que mira a sus tropas para que le sigan hacia la victoria. Lo vemos como la típica representación del héroe romántico, decidido hacia la batalla. El barón Gros seguirá aumentando la figura romántica de Napoleón con otros cuadros como Bonaparte visitando a las víctimas de la plaga de Jaffa.

Pero el cuadro por antonomasia es el de Napoleón cruzando los Alpes, pintado por Jacques-Louis David, el pintor de la revolución que acabó ligando su vida a la de Bonaparte. Es la representación máxima del héroe romántico en todos los sentidos: Napoleón es colocado a la altura de otros mitos como Aníbal o Carlomagno, que ya habían cruzado los Alpes en un paso lleno de penurias que nadie se atrevía a hacer. David lo representa vestido de general y con la capa ondeando al viento, montado sobre un impresionante caballo levantado sobre sus patas traseras, mientras su jinete, majestuoso, guía a las tropas a cruzar por las angostas montañas, haciendo posible lo imposible. Este cuadro también es una glorificación ya que ni el paso era tan complicado como en los siglos anteriores, ni al parecer Napoleón lo cruzó sobre tan majestuosa montura, sino sobre una mula como lo representó Delaroche en 1850, ya sin ningún ápice de la heroicidad y la majestuosidad del cuadro de David.

En 1804 fue coronado Emperador, el mito ya estaba construido y había crecido, ya no era necesario seguir endulzando el pasado de Napoleón como militar ni su llegada a lo más alto del poder. Se llega al momento de máximo esplendor. David fue nombrado primer pintor del Emperador y creó una serie de composiciones que deificaban la figura de Bonaparte, en La consagración de Napoleón de 1807 acaecida en Nôtre Dame, iglesia gótica que en el cuadro es pintada como si fuera neoclásica, los intereses del Emperador por encima de los símbolos. Y también destaca Napoleón I en su trono imperial de Ingres en 1806.

El Imperio vive una crisis en 1810 y la popularidad de Napoleón decae, comienza una especie de leyenda negra que le acompañará hasta su caída. En los últimos coletazos de su reinado, intenta aparentar que nada sucede y que tanto su poder como el ejército siguen siendo fuertes como representa El juramento de las águilas de David en 1810.
 
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